Ganó el candidato más fuerte de la burguesía y en especial de la burguesía burocrática que alineada a la estructura estatal encuentra en ésta una fuente de negociados que le permiten una acelerada acumulación de capital. Alianza País logró el 56% de la votación a nivel nacional, sin tomar en cuenta en ese cálculo los votos nulos y blancos y el alto grado de abstención, con lo que dicho porcentaje no sobrepasa el 30% de la población habilitada para sufragar. El método D´Hont le aseguró a Alianza País más de 2/3 de la Asamblea Nacional, es decir casi 100 asambleístas. Con ello logra un control total de la estructura estatal, lo que le va a permitir afianzar su política fascista y entreguista.
Correa vuelve a ganar una elección especialmente por varios factores, entre ellos:
- La bonanza económica fruto del alto precio del petróleo en el mercado internacional, junto a una política económica rentista, y tributaria, ha permitido que el gobierno realice obras –como las carreteras, ahora un fetiche de la publicidad gobiernista- que no necesariamente benefician a los sectores populares, pero que le permiten generar una lógica diferenciadora en relación a sus antecesores, y que el pueblo en general manifieste que “aunque siga robando, éste por lo menos algo ha hecho”. Es clave entender el carácter de la fracción burguesa que representa Correa, la cual al estar ligada al Estado como fuente de negociados y acumulación de capital, necesita que éste intervenga más en la economía para asegurar que se celebren contratos que les permita sacar parte de su tajada en contubernio con la inversión de la empresa privada; es decir existe una alianza entre el sector estatal y privado para juntos acumular mayor ganancia a través de los contratos del Estado, ello de rebote permite mayor inversión en infraestructura y otros campos que a veces es bien visto por los sectores populares aunque ello no modifique su posición en la sociedad.
- El 17 de febrero ganó una farsa disfrazada de revolución, que continúa ostentándose como “proyecto de izquierda y revolucionario” gracias a la estrategia sistemática de propaganda que bombardea de manera permanente a los sectores populares y que le permite al gobierno vender una mentira que ha sido repetida más de mil veces y que en algunos sectores de la población es ubicada como verdad.
- La crisis de los partidos burgueses tradicionales y su lento recambio generacional, al igual que la de la autodenominada izquierda fruto de su práctica oportunista. Alianza País se muestra como ruptura con la política tradicional ejercida en el país, aunque su estructura esté plagada de individuos que han servido a la “partidocracia” tradicional, al mismo tiempo que aplica algunas de las estrategias utilizadas por ellos pero de una manera más sofisticada y encubierta.
- Estar en el gobierno ha sido una ventaja utilizada por Alianza País para poder promocionarse y estar en campaña permanente.
- Una política asistencialista que no soluciona los problemas de fondo de los sectores populares, sino que los sume en la mendicidad institucional, al ser incapaz de insertarlos en el proceso productivo.
Qué se nos viene?
Bueno, en el plano económico se profundizará el papel semi-colonial del país por dos vías: la re-primarización de la economía ecuatoriana con la minería como nuevo boom de “desarrollo”, y el aseguramiento y estabilidad para que los negocios de las corporaciones estadounidenses y el Estado chino se acentúen. Las ganancias de la burguesía burocrática aumentarán en alianza con el capital privado teniendo como base la inversión estatal. La banca y los monopolios seguirán gozando de las grandes ganancias que han logrado con este gobierno.
En el plano jurídico, gracias a la mayoría parlamentaria, se viene la aprobación de las leyes de aguas y comunicación, así como la implementación del Nuevo Código Penal Integral que permitirá al gobierno meter a la cárcel a quien desee, criminalizando y obstaculizando cualquier tipo de protesta social en su contra; y la reforma al Código del Trabajo que precarizará y flexibilizará las relaciones laborales permitiendo a los burgueses una extracción intensiva de plusvalía.
En el terreno político el Estado pasará de una fase de oxigenación a una de fortalecimiento, en la cual intervendrá de manera decisiva en todo campo de la vida social para asegurar la dominación de clase, mercantilizando la educación, controlando medios de comunicación, expandiendo su influencia en todo el territorio ecuatoriano. Ello combinado con una política corporativa de cooptación y desarme de las variantes organizativas populares para que éstas desconozcan sus intereses clasistas y respalden la política gubernamental. Se asegura la criminalización de la lucha social mediante la ampliación de la política fascista del régimen, quien asegurado cuatro años más no dudará en reprimir a los sectores populares.
En resumen enfrentaremos a un gobierno que acentuará su lógica represiva y que servirá de manera consecuente a los intereses de la burguesía en conjunto y de su fracción en particular, así como del imperialismo. Cuatro años más de farsa y demagogia.
La derecha y su recomposición
Los partidos burgueses sabían desde el inicio quién iba a ganar. Los afanes políticos de las diferentes fracciones burguesas pesaron más que su deseo de derrotar a Correa por tres motivos:
- Porque Correa no tiene intereses en esencia diferentes que ellos. ¿Ustedes creen que si sus empresas o bancos corrieran algún riesgo no se habrían juntado para derrotar al "revolucionario"? Con Correa sus negocios están asegurados, las relaciones de producción no se modificarán, sus ganancias aumentarán tal como ha sucedido durante estos seis años, y las formas de explotación y precarización laboral se agudizarán. Las ganancias de la burguesía burocrática se incrementarán, así como las del capital privado, teniendo como base la inversión estatal.
- La disputa no era por la presidencia, sino por conseguir curules para que sus asambleístas puedan garantizar sus intereses particulares en el ex Congreso Nacional.
- Cada partido buscaba mantener o extender su influencia política mirando hacia el futuro, de los cuáles sólo CREO y SUMA salieron fortalecidos. Formando esto parte del recambio generacional burgués de sus partidos y representantes.
El partido favorecido de estas últimas elecciones es sin duda alguna CREO, del banquero Guillermo Lasso, quien representa los intereses de la banca y la burguesía costeña especialmente. El se muestra como oposición y manifiesta que una cuarta parte de los ecuatorianos cree en su proyecto, cuando en realidad gran parte de su votación no es un apoyo a su organización o a él, sino un rechazo a Correa. Podemos ver que donde él saca los más altos porcentajes es precisamente en los lugares donde la minería ha generado ya algunos conflictos sociales. Lasso es el nuevo cuadro de la derecha recompuesta.
El PRIAN, PSP, PRE, PSC, sufrieron una amarga derrota puesto que sus expectativas no llegaron a cumplirse, es más PSP disminuye su presencia de quince a seis asambleístas y el PRIAN desaparece del parlamento burgués de manera directa.
La Coordinadora Plurinacional de las Izquierdas y el fracaso rotundo del reformismo
El reformismo apeló nuevamente al frentismo electoral policlasista. Es decir unirse junto a candidatos burgueses, en este caso el socialdemócrata, Alberto Acosta, para participar en las elecciones. Su objetivo era asegurar unos cuantos curules en el parlamento que les permita seguir viviendo a costa del viejo estado burgués. En su fantasía politiquera aseguraban estar en la segunda vuelta y “derrotar al correísmo en las urnas”. Los resultados finales les vuelven a la realidad alcanzando un miserable 3% y apenas seis cururules –alcanzados por los ponchos dorados de Pachakutic y ninguno para el MPD- del total de 137 en la Asamblea Nacional. De hecho para quienes confían en las elecciones y hacen vida económica de ello, sacar un porcentaje tan bajo resulta ser un fracaso rotundo.Aún más cuando su “carrera política” y trayectoria histórica se ve obstaculizada por el descrédito que tienen en los sectores populares, fruto de su actividad colaboracionista, burocrática y oportunista.
El cuento de la acumulación de fuerzas como excusa para participar en las elecciones, que vendría a ser más bien la acumulación de derrotas vía electoral, demuestra que lejos de “propagar las ideas revolucionarias desde el parlamento”, o “alcanzar derechos para los sectores populares”, en la práctica no ha tenido históricamente ningún resultado efectivo, y dicha participación sólo ha servido para desmovilizar a los sectores populares de la lucha social y legitimar la democracia burguesa como forma de dominación.
Mucho se escucha a estos revolucionarios de papel (o papeleta) que todas las formas de lucha son válidas. El reformismo manifiesta que los revolucionarios debemos apelar a todas las formas de lucha, y ello como concepto no es un error. El asunto es que las formas de lucha no permanecen inmutables en el devenir histórico, sino que cambian de acuerdo al desarrollo del sistema económico y social. Con el desarrollo del capitalismo imperialista, la institucionalidad burguesa y especialmente las elecciones han dejado de representar una forma de lucha para las clases explotadas, puesto que la burguesía busca legitimar su dominio a través de ella, “incluyendo” allí a las masas populares, provocando el abandono de sus intereses estratégicos de clase.
Participar en las elecciones en la actualidad significa negar el principio de independencia política del proletariado ante el Estado y los explotadores. El reformismo no ha utilizado las elecciones burguesas como una forma más de lucha sino que las ha convertido en un fin, a través de la cual gira todo su “trabajo”, donde sus frentes y organizaciones son utilizados meramente como mecanismo de presión para que sus dirigentes vivan cómodamente de los puestos que les otorga la democracia burguesa.
En su comunicado, después de haber guardado un cobarde silencio durante algunos días, señalan:
“Las organizaciones que conformamos la UNIDAD PLURINACIONAL, al tiempo de felicitar al pueblo ecuatoriano y de agradecer a las organizaciones que nos apoyaron, aceptamos, como demócratas que somos, los resultados de las elecciones realizadas este domingo. Reconocemos al triunfador de esta jornada esperando que eso signifique hacer realidad el mandato del pueblo ecuatoriano que se pronunció mayoritariamente a favor de la Constitución de Montecristi. Demandamos que el gobierno entienda que este resultado significa hacer realidad los cambios estructurales esperados largamente por el pueblo ecuatoriano” (la negrita de nuestra)
Esta declaración refleja su compromiso con el sistema social actual al hacer una apología de la democracia burguesa, al reconocerse como demócratas,y rebajar la lucha social al parlamentarismo. Reconocen el triunfo del gobierno –evidentemente porque identifican a las elecciones como principal mecanismo de lucha y participación, y desprecian las verdaderas variables de lucha social- guardando esperanzas en que “cumpla el mandato del pueblo ecuatoriano”, y que realice los “cambios estructurales” que supuestamente se espera.
La Conaie también en su comunicado “desea la mejor suerte al presidente Rafael Correa” y espera que apruebe las leyes de aguas y de tierras, manifestando además que “la forma como se resuelvan los procesos judiciales nos dará la verdadera dimensión del tipo de gobierno”, ¿acaso aún no se dan cuenta de ello?
¡Cuánta hipocresía! Su radicalismo se diluye cuando son derrotados.Más bien hacen un llamado al gobierno. No sería extraño que si el gobierno les ofreciera un puestucho o acceso a algún negociado, serían los más apasionados defensores del proyecto que al inicio denominaban “patriótico, revolucionario y de profundo carácter antimperialista” y con el que fueron cómplices del proceso de re-oxigenación del Estado y la posterior aprobación de las leyes anti-populares. O no sorprendería tampoco que salten como “oposición” únicamente para preparar la próxima campaña y porque sus asambleístas se quedaron fuera de la torta estatal.