viernes, 22 de noviembre de 2013

Enseñanzas históricas del 15 de Noviembre de 1922

 El 15 de noviembre de 1922 no es solamente una herida que aún sangra en los corazones  proletarios del país.  Constituye una enseñanza práctica sobre varios aspectos que el movimiento obrero en particular y el pueblo en general deben asimilar para comprender de mejor manera el camino que deben transitar para lograr su emancipación definitiva.

http://www.llacta.org/notic/fotos/041114b.jpgAquel suceso que inundó el Río Guayas de cientos de cadáveres no puede ser idealizado o convertido en una nostálgica añoranza recreada anualmente de manera conmemorativa. La forma real de guardar un tributo consecuente a los compañeros caídos, es precisamente rescatar sus virtudes y comprender las limitaciones históricas y actuales que enfrenta el movimiento obrero.
El 15 de noviembre nos permite comprender claramente cuál es el carácter de clase del Estado, a quién sirven y representan los gobernantes y las fuerzas represivas, las mismas que no tienen ningún empacho en reprimir e incluso asesinar al pueblo cuando éste, a través de la lucha, rebasa los estrechos márgenes de la democracia burguesa.
Si en aquella ocasión el carácter de clase del Estado se hizo evidente a través de la violencia que fue desatada de manera cobarde contra miles de manifestantes desarmados, hoy en día esto se lo hace a través de leyes y, especialmente, mostrando a ese Estado como una instancia jurídico-administrativa que representa al interés de toda la sociedad, tanto de obreros como de burgueses. Si ayer fueron las balas que penetraron en los cuerpos de los trabajadores, hoy son las reformas jurídicas que conculcan derechos históricos y que prohíben la huelga, garantizan los despidos y flexibilizan las relaciones laborales.
Las posiciones vacilantes, colaboracionistas y oportunistas que emergieron en dicho momento, especialmente a través de la Confederación Obrera del Guayas (instancia organizativa manejada directamente por el gobierno), se recrean en la actualidad con la actitud servil de los dirigentes de la centrales sindicales que respaldan o respaldaron a este gobierno y que retrasan los procesos de concienciación y lucha de los trabajadores ecuatorianos, manteniendo su nivel de conciencia a un nivel puramente economicista. Esta cuestión es básica para entender que este comportamiento político tiene como objetivo frenar y atenuar los niveles de lucha, especialmente movilizatoria emprendidos por los sectores populares. Por esto es sumamente importante recordar aquel Noviembre de 1922 como un ejemplo de lucha y dignidad, donde las posiciones pro-capitalistas fueron rebasadas por la decisión del pueblo que volcó a las calles su descontento.
El 15 de Noviembre nos enseña que la lucha es el camino del pueblo. Que las clases dominantes se llenan de pavor cuando los proletarios se toman las calles, cuando pasan de formulaciones estrictamente reivindicativas a consignas políticas contra los gobernantes y su Estado, cuando comienzan a comprender que el problema es el sistema en sí.
Este recuerdo permanece imborrable porque nos deja una lección llena de combatividad, de arrojo y de valentía. Los derechos de los que gozamos en el presente no han sido dádiva de ningún gobernante, ni han sido obtenidos por las gestiones de los parlamentarios reformistas, estos han sido conquistados en las calles, tomando como base la lucha, han sido logrados cuando los proletarios han rebasado el marco jurídico establecido y han botado al tacho de la basura lo aceptado socialmente en un momento histórico determinado. Y son precisamente los principios que rigen esa acción los que permiten al movimiento obrero desarrollarse, es decir, la independencia, solidaridad y unidad de clase, que se palpó claramente en aquellos momentos. Estos ingredientes de lucha política son necesarios para no caer en las ilusiones de apoyo a cualquier gobierno o, peor aún, en pensar que la realidad no puede cambiar, que es inmutable.
Las condiciones objetivas y subjetivas en las que se desenvolvieron los hechos aquel 15 de noviembre jugaron decisivamente para su desenlace. La difícil situación económica de un país anclado a la dependencia y la baja del precio internacional del cacao por una parte, y por otra, un gobierno que implementaba medidas antipopulares cada vez con mayor insistencia, el hambre, la pobreza y la sobreexplotación fueron la base material sobre la que se gestó este proceso.
Los niveles organizativos estaban condicionados por la estructura económica de un país donde aún no se desarrollaba el capitalismo, que vivía especialmente del agro, con una clase trabajadora que estaba transitando de formas de trabajo artesanales a unas “un poco más capitalistas”.  A esto habría que sumar que no había muchas organizaciones políticas revolucionarias, lo que le facilitaba al liberalismo hacerse ver como representante de los trabajadores. Durante los años anteriores, los sectores populares habían creado organizaciones reivindicativas que los representen en su lucha directa, pero aún no habían logrado crear organizaciones que tengan una base política e ideológica sólida, una comprensión estructural sobre la economía y política del país. Así pues, las jornadas de noviembre de 1922 evidenciaron la necesidad de una dirección política más consistente, que si bien estuvo coordinada por la Federación de Trabajadores Regionales del Ecuador, ésta no tuvo la capacidad de plantear estratégicamente aquellas acciones. Por esto, es clave comprender que los trabajadores necesitan niveles más altos de organización que les permitan enfrentar correctamente al enemigo de clase, prevenir al máximo los reveses y avanzar cada vez más en su objetivo estratégico.
El 15 de Noviembre nos permite recuperar la memoria histórica combativa de los trabajadores. Nos invita a organizarnos y luchar. Nos deja profundas enseñanzas que deben ser comprendidas para avanzar. Por ello manifestamos ¡Noviembre Proletario, Un Grito Revolucionario!

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